17 julio 2016

Gogol Bordello en La Riviera

14 de julio del 2016


Más de cinco años después vuelvo a encontrarme a Gogol Bordello, en el mismo sitio, misma hora. Son muchos los grupos que ver. Son muchas las músicas que disfrutar. Pero un concierto de esta panda tan peculiar y divertida siempre es un seguro, incluso cuando no se les ha seguido tan de cerca como hubiera gustado.

Me quedé en aquella gira del 2010 de presentación del Tanscontinental Hustle, donde el Pala Tute o My Companjera eran los principales himnos. Desde entonces, estos temas no han hecho más que impregnarse en la escena Gypsy Punk, no pasando de moda y elevando tus pies y tu cuerpo hasta posiciones inesperadas. Ya sabéis, ritmos gitanos de nuestra querida Europa del Este que sacan nuestras raíces peninsulares a relucir, porque la relación entre el folclore español y este frenesí tiene más de una nota en común.

A la hora exacta aparecieron los miembros habituales del grupo, como era de esperar, sin descanso. Con una puesta en escena sencilla y con un fondo que recordaba la portada del Underdog World Strike del 2005, los Bordello querían apuntar directamente a la tristeza y al racismo cultural con su mezcla de ritmos, de letras pegadizas llenas de estribillos bailongos, convirtiendo a la Riviera, una vez más, en una fiesta.






Dos horas duró el bolo donde Wonderlust King, Inmigrant Punk, Dogs were barking o Not a Crime encadenaron pasos de baile, gritos, aullidos, manos en alto y cánticos llenos de igualdad, fraternidad y libertad. Como premonitores de lo que estaba por llegar.

Violines, guitarras, bombos, cajas, acordeones, voces...todas al servicio de las raíces más puras de la Europa de siempre. Otra forma de expresar ese sentimiento de unidad que es el que nos hace fuertes, y el que hoy más que nunca parece debilitarse y derivar en un sinsentido. La actualidad vista a través de bigotes, camisas de rayas abiertas por la mitad y pantalones piratas conjuntados con calcetines de colores. Y vino. Mucho vino.

En una Riviera al setenta por cierto de su capacidad, a la salida los autobuses rugían para que Gogol Bordello continuara con su gira europea sin respiro. Ojalá traigan lo que muchos pudimos ver y compartir este 14 de julio fatídico en Madrid.

Just to thank you one more time, for everything you've done...

Alcohol.


10 febrero 2016

The Magic of Santana en el Teatro Mira

6 de febrero del 2016

En un inicio de año complicado, donde grandes de la música se han convertido en historia, el espectáculo que dieron estos señores el sábado entre las paredes del teatro Mira de Pozuelo de Alarcón fue un bálsamo. Un relajante muscular. Un buen antídoto frente a la sensación de que con la ida de Bowie, Lemmy, Bradbury o Frey se ha formado un hueco importante en la cultura musical. Disfrutar de la música de Santana supuso un positivismo complicado de sostener hasta ese momento. 

Como pasa muchas veces, las situaciones en la vida son imprevistas y, a veces, mágicas. En este caso, una visita querida, una búsqueda altruista y la casualidad nos postraron delante de una taquilla para adquirir por un precio módico un billete a los sesenta, a los setenta, a los ochenta...y así hasta el día de hoy. Porque la sensualidad de los sonidos de Santana tiene ese efecto explosivo que sale de dentro afuera. Porque Santana sigue entre nosotros, y aunque no pise el escenario, músicos como los de The Magic of Santana mantendrán su amor por los sonidos latinos reventados con riffs imposibles. 

La banda está compuesta por Alex Ligertwood y Tony Lindsay, vocalistas y músicos de Santana en diferentes periodos de tiempo, y un grupo de músicos extraordinarios que se encargan de teclados, bongos, batería, percusiones múltiples, bajo eléctrico y, por supuesto, guitarras eléctricas. Una puesta en escena sencilla pero efectiva y muy acorde a la que uno pudiera esperar de ritmos santanos



Voces quebradas, agudos imposibles, registros variados en un mismo tema y mucho sentimiento y pasión. Esto, y más, es lo que Alex y Tony aportan a esta banda. Podría caer uno en el prejuicio de que la guitarra es la base de las canciones de Santana, y no estaría muy desencaminado. Sin embargo, lo que realmente ha caracterizado siempre al maestro mejicano es la fusión de sonidos, la innovación musical y rodearse de los mejores. Y estos dos caballeros dejaron muy claro por qué Santana se fijó en ellos para sus canciones. Por añadir un "pero" al grupo, quizá el guitarrista principal resulta demasiado sobrio, erguido y monocolor. Aunque el papelón que tiene es de otro nivel, las cosas como son. Que si un vaso es un vaso...

Durante cerca de dos horas temas como Europa, Black Magic Woman, Maria o Hold On fueron el menú que los magos nos tenían preparado. Hubo incluso tiempo para el recuerdo con Somewhere in Heaven, con un componente, Raúl Rico, recientemente fallecido, que se las gastaba así. Por supuesto que no faltó Oye cómo va o Make Somebody Happy, con la cual despidieron un bolo tremendo, con todo el público levantado y vibrando mientras abandonaban el escenario para subir las escaleras listos para mezclarse con la audiencia. Un concierto lleno de paz. Lleno de rock. Lleno de amor. Lleno de pasión latina...bien llevada. 


Una válvula de escape en unas semanas complicadas llenas de calendarios apretados y citas previas. Un oasis compartido con quien quiero compartir más. Todo. Escalofríos y un alma reconfortada y fusionada. Como la música de este genio. Un homenaje pre-mortem, que es cuando realmente se disfrutan. 

Que siga el 2016. Ahora estamos más preparados. 


12 octubre 2015

Reverdeceremus Festival en Acebo

10 de Octubre de 2015

Lo único bueno de las tragedias es ver la respuesta de la gente. Darse cuenta de que la solidaridad, el apoyo y el buenismo habita en la mayoría de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, de nuestras aldeas. Es una pena que por un puñado de cabrones todo esto se vea ennegrecido y muchas veces le perdamos la pista a la buena senda.

Acebo y Hoyos, quizá las dos localidades más afectadas, se han unido para montar este Reverdeveremus cercando los robles, castaños y montes lacónicos de música autóctona. De aullidos y acordes que sirvan como la danza de Totoro. Crecimiento de nuevos brotes. Más verdes que nunca. 

Milana fue el primero de los grupos que disfruté. Además de más que agradables reencuentros inesperados, el ambiente country americano de la banda eminentemente cacereña fue más que bueno. Sobreponiéndose a los continuos problemas de ajuste de sonido (el técnico estaba claro que iba más a pinchar su música que a adaptarse a las necesidades de los músicos), temas como Niña de arena y sol retumbaron en la carpa, con esa guitarra acústica marcando el ritmo. Remolino también hizo presencia en el bolo, y canciones como Tu Olor en mi ojo izquierdo hablan de la ascendencia de esta banda, de marcado olor sureño, de mecedoras y carreteras a medio asfaltar. 

Era el turno de Pepe Peña y the Garden Band. Una panda de chavales que hacen las cosas bien. Muy bien. Brotes casi convertidas en realidad después de ver sus temas y su bagaje. Un sonido que recuerda a las tonalidades musicales de The Tallest Man On Earth y otros grandes cantautores alternativos actuales, con una pronunciada esencia en los sonidos acústicos mezclados con lo eléctrico. Fue un bolo marcado, de nuevo, por los defectos de sonido, que estoy seguro les impidieron demostrar lo que saben hacer. Aun así, temas como Home o Manuel hicieron suficiente eco como para convertirse en un grupo a seguir. 




 
La Bruja Roja y los Jacobos cambiaron el devenir del festival. El pogo se empezó a consagrar como el paso de moda en la carpa. La Bruja Roja llegó con un claro objetivo: olvidar el temporal que amainaba para que la gente se divirtiera, cantara y bailara como si allí no hubiera pasado nada semanas antes. Temas propios (No Volverá, La Marea) y versiones de los grandes (El roce de tu cuerpo) que hicieron las delicias de los asistentes, entre saltos, bailes y gritos canallas. También se notaba el toque de su técnico de sonido, con canciones como deben sonar. A ritmos kalimotxeros y con potencia e intensidad acaloraron la atmósfera a guitarrazo limpio. 

Y para continuar la onda, Los Jacobos, con el eterno Patxi (no por mayor, sino porque llevamos viéndole décadas haciendo de todo) pusieron la nota punk del festival, además de la belleza y hermosura con Samantha Fox. Chuck Norris entre otras canciones ponen de portada sus letras claras, de la calle, transparentes. Sin lujos, sin concesiones, sin virguerías. Simplemente, Los Jacobos. 

Un aplauso por los voluntarios. Un aplauso por los asistentes, las bandas (incluyendo las que no pude ver) e incluso por la lluvia, necesitada más que nunca. Un adiós al humo y un hola al verde. Porque la Sierra reverdecerá, con más vigor que nunca. 

Esta iniciativa, tan loable como su puesta en escena, debe mantenerse en el tiempo. No pensemos que una pulsera es suficiente. Cada papel. Cada colilla. Cada mierda que tiramos deja cualquier movimiento en inútil. No sólo se trata de colaborar, sino de concienciar. Porque la naturaleza es como una relación: cada día, cada acto, cada tú, cada yo...importa. 

Así que a currárselo. 

Charly González and the Crazy Bros en La Casa de Cultura

9 de Octubre de 2015

Quién me iba a decir a mí que la siguiente entrada de este blog iba a ser por un concierto en Coria, que nada tiene que ver con las fiestas de junio. Que nada tiene que ver con músicas comerciales. Que iba a ser en el mismo escenario donde durante años he representado desde Las Tierras de Jauja hasta Jesucristo Superstar. Pero sí, así fue. Como lo cuento. 

Charly y sus hermanos locos pasaron por el pueblo para dejarnos una actuación excelente, igual que inesperada. Haciendo memoria no ando muy desencaminado si afirmo que es la primera vez que veo un concierto de jazz/blues en Coria, con una entrada no gratuita, y con un aforo prácticamente completo. Sigue siendo cierto que el porcentaje de asistencia es bastante reducido para la población, pero quedémonos con lo positivo. Parece que algo se mueve. 

Con una banda muy completa que incluye hasta un "hechicero", Charly y los suyos, los suyos y Charly, nos presentaron los temas de su último disco, The last sun. Un disco con ritmos clásicos del jazz , swing y del blues de toda la vida. Esas notas que penetran y se ponen a bailar con tus glóbulos rojos y a cantar con los blancos. Temas como Nobody but you o Leave this town for money son un claro ejemplo de ello. También se incluye en su repertorio una versión del clásico Caldonia, dejando claras sus intenciones sobre el escenario. 



Hubo momentos para el gozo. Los solos de guitarra mezclados con los vientos, piano, batería y complementos varios. Entre ellos, la gran pandereta, que en estos estilos es más que necesaria para crear ese ambiente festivo y alegre, para salir de vías oscuras donde el blues puede llevar sin darse cuenta. También ese saxo que tanta clase y elegancia pone en todas las formaciones. Un sonido muy completo que tuvo su cúspide en la versión del Bolleré del querido Raimundo Amador, que sin ser la versión con Mr. King, fue la guinda tras hora y media de intenso concierto.

Una atmósfera de la música de principios de siglo XX que inundó por un momento una ciudad necesitada de actos culturales de este tipo, porque es lo que mantiene la inquietud y la riqueza espiritual. Y todo por tres euros. Bueno, 8. Porque cayó un Cd. 

Sigamos así. 

28 junio 2015

Loquillo en las fiestas de San Juan

28 de junio de 2015

En unas fiestas de San Juan marcadas por la tragedia y en boca de todos los medios este año por el morbo y la polémica, las actividades musicales han puesto una alternativa de fuerza que bien merecía un viaje rápido de fin de semana.

Todo giraba en torno a una figura alta y una banda a la que siempre es un placer incluir en este blog, porque por muchas veces que la haya criticado, sus letras, ritmos, estilo, carácter y sobre todo, sus canciones, nunca dejan de emocionar. 

Con algo de retraso frente al horario previsto, Loquillo, con pañuelo rojo al cuello, y los suyos saltaron al escenario con ganas y con su motivación habitual. Tenía curiosidad por ver cómo afrontaba un concierto en una ciudad pequeña que ha demostrado año tras año que la entrega y asistencia a este tipo de eventos musicales suele ser bastante decepcionante. También quería palpar de primera mano cómo congeniaba con un público tan complicado, a pesar de tratarse de una entrada gratuita. 

Debió generarse previamente algún rumor sobre si Loquillo finalmente aparecería en Coria, lo cual explicaría que las primeras palabras fueron dedicadas para los incrédulos: "Alguno decía que no íbamos a venir. Pues aquí estamos, joder". Acto seguido, y durante las casi dos horas que duró el bolo, canción tras canción Loquillo fue adueñándose de la plaza. 



Gente que inicialmente empezó fría en las primeras filas, pero que tras el El Creyente y algún tema de los más actuales como Línea Clara o El mundo necesita hombres objeto, llegó un chorro de temas de siempre que consiguieron meter a todo el mundo en el bolsillo y crear un ambiente de rock en Coria que yo, personalmente, sólo había vivido ligeramente en los antiguos conciertos de Rosendo o de otros que lo habían intentado. 

Es cierto que este era gratis, y daba gusto poder ver en las primeras filas a niños y niñas con camisetas del pájaro Loco disfrutando, pero esto nunca había sido garantía de éxito en las fiestas, donde "DJs" (sí, entrecomillado), el pachangueo y músicos casposos siempre habían llevado la nota principal, salvando a la charanga. Sin embargo, El Rompeolas, La Mataré, Rock&Roll Star, El ritmo del Garaje, Cruzando el Paraíso, Memoria de Jóvenes Airados, Quiero un camión, Cadillac Solitario o Feo, fuerte y formal fueron demasiado. Por fin, un sabor de rock&roll pasó y pisó por encima de muchos otros. Se notaba además la presencia de Mario Cobo de Nu Niles para dotar al grupo de ese toque rockabilly del álbum Código Rocker

Con un Loquillo entregado a la causa, incluso llegó a pasearse al lado del público. No sólo cumplió si no que se notó que se trataba casi de algo personal, demostrar que rumor arriba o rumor abajo, él y su banda de rock tenían claro que iban a hacer lo que mejor saben para salir por la puerta grande. 

Por una señora portona. 

21 junio 2015

I Edición MatMad Festival

20 de junio de 2015

Qué mejor época que el verano para volver a las andadas y sacar a paseo este blog, de todo menos olvidado. Junto con el solsticio de verano llegó a Madrid la I Edición del MatMad Festival, en vísperas del día europeo de la música. Es buen concepto celebrar las efemérides con antelación, que nunca se sabe lo que puede pasar al día siguiente. 

Con un sol de justicia, el Matadero de Madrid acogió este primer festival que reunió a algunos de los grupos patrios de ayer y de hoy para montar un cartel bastante interesante, con una base rock pero con referencias al flamenco, al punk o al pop. Todas las bandas del día habían pasado por este blog a excepción de dos a los que tenía ganas de cogerles por la pechera y disfrutar de sus directos: Ángel Stanich y Los Ilegales. 

Ángel Stanich fue el primero en saltar al escenario, algo más tarde de lo que estaba previsto, pero rápido mostró que su apodo de El ermitaño del rock no hace alusión solo a su aspecto, donde su nariz y ojos son los únicos resquicios donde el pelo aún no ha llegado, sino también a un estilo único de cantar, de componer y de tocar. Con una base de rock sucio americano y un tono de voz gangoso que al principio parece una parodia de José Mota pero que acaba por enganchar. Temas como Metralleta Joe o Carbura (que no pudo tocar porque le expulsaron del escenario) son una muestra de lo fuerte que viene pegando, de lo fresco que es su directo y de que la cantera sigue funcionando. 

Smile fueron los siguientes, a los que por cierto tampoco había tenido el gusto de conocer hasta el momento. Su concierto, pasado por un sol abrasador, enfrió al personal. Quizá sea porque eran del norte. O porque sencillamente su música después de la de Stanich apalancó. Un grupo con estilo muy british que nada tiene que ver con el grupo de los años 60 de Brian May, y que perdió su combate frente a la barra con sombra y la cerveza fría. Ni un ukelele ni un "me bajo con vosotros al foso" fue suficiente. 

Con el sol apagándose y el recinto llenándose, todo apuntaba a que el resto del festival iba a amontonar motivos para esta afluencia repentina: Kiko Veneno, Corizonas, Los Ilegales y Los Enemigos. 

Kiko Veneno puso el bailoteo en nuestros cuerpos con sus temas de siempre, con una banda estupenda y dejando ese buen rollo y esa sonrisa en el cuerpo y en la caras de todos, porque él es así. Feliz por cantar. Feliz por provocar ese movimiento de pies y de manos. Feliz de su lírica y de su halo. Un grande de España.

 

La traca final se inició con Los Corizonas. Ya convertidos en un clásico de cualquier encuentro musical que se precie, este grupo de potentes letras y melodías dejó entrever que les espera un periodo de descanso, y que Arizona Baby y Los Coronas dejarán de verse durante algún tiempo para darse aire, aunque dejaron bien claro que no será su última palabra juntos. Canciones como The Falcon Sleeps tonight o Run to the river quedarán por ahora en nuestras minicadenas para cuando queramos coger un buen punto, en un momento cualquiera. 


Los Ilegales. Ese grupo de letras rudas. Ese grupo con aquella portada del álbum en vinilo con nombre homónimo, y que se grabó en mi mente desde que mis pequeñas manos accedieron al surtido de música parental. Unos macarras de pro que completaron un bolo intenso y sin concesiones. Hasta Mr. Jorge Ilegal se tuvo que medio disculpar de la velocidad a la que salían temas de su Stratocaster y de su Gibson. Y para que os hagáis una idea de quiénes son Los Ilegales, pasad diez minutos escuchando esta entrevista. No tiene desperdicio. Sardinas, café y fantasmas. Y para terminar: eres una puta. Todo unos personajes que rompen con cualquier estereotipo y que bien se merecen el párrafo más largo de esta crónica. 

Y para finalizar, Josele Santiago y los suyos subieron al escenario para terminar con una ronda de temas que hicieron las delicias de los seguidores de las raspas de los Enemigos. Entre los clásicos, cuenta atrás o John Wayne, con esa voz tan peculiar y ese estilo elegante y tan rocker. Durante algo más de una hora, Los Enemigos remataron un día genial de música y de buen ambiente. 

El día en que se cumplían diez años de aquel FestiMad que marcó un antes y un después en la escena musical madrileña y en nuestros corazones, se bautiza un nuevo festival que se antoja duradero, dineros mediante. Porque arda lo que arda, siempre habrá resurrección en forma de rock. 

Es lo que tiene. 

07 febrero 2015

Por un Mundo sin ELA

31 de enero de 2015

La música siempre ha sido un medio para la revolución. Se ha utilizado a lo largo de la historia como herramienta, como arma, contra aquello que el autor consideraba injusto. Notas de sublevación y de inconformismo, algunas atemporales, con las que muchos nos seguimos viendo reflejados.

La solidaridad y el premio al altruista han sido algunos de los temas comunes que han servido para cantar por un mundo un poco mejor. Un lugar donde, por mucho que creamos avanzado, sigue habiendo motivos para luchar y unirnos por un mismo objetivo. En este caso, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Una enfermedad cruel de causa aún desconocida y donde la investigación jugará un rol muy importante.

En este marco de apoyo a una causa noble, el Palacio de los Deportes se plagó de estrellas nacionales de todas las épocas y estilos que vibraron junto con el numeroso público congregado clamando por la inversión en investigación con himnos tarareados, cantados, gritados. El Lichis, Siniestro Total, Rulo y La Contrabanda, Sôber, Los Enemigos, Burning, Quique González y Lapido, Miguel Campello, El Gran Wyoming y Última Experiencia, Miguel Ríos, Víctor Manuel, M-Clan, Rosendo, Amaral, Cuco Pérez y Luis Delgado. Rock, heavy, pop, cantautores, folclore. Todo ello dirigido por un maestro de ceremonias cuya risa y energía nos contagia y alegra cada mañana en Radio 3 (Ángel Carmona).

El setlist era muy esperable. Por la gran cantidad de artistas, los músicos tuvieron dos-tres canciones, por lo que tiraron de lo más conocido de su repertorio para participar en este evento solidario cuyos fondos se destinarán a un proyecto europeo de investigación para saber más sobre la ELA. El sonido, amén de algún error mínimo, estuvo genial, muy propio del Palacio. Y entre banda y banda, vídeos, información sobre la ELA y alguna que otra aparición estelar.

El foco hoy no estaba en la música, sino en el mensaje. Y para terminar de rematarlo, Carlos Matallanas, un enfermo de ELA, subió al escenario con unos carteles (la enfermedad ha paralizado los músculos de su boca y no puede hablar) para compartir ese momento con todos, lanzando un mensaje positivo y de lucha contra el enemigo. Minutos muy emocionantes y emotivos. Tremendos. Javier, hermano de Carlos y organizador del evento, también tuvo palabras de agradecimiento a los asistentes y músicos reunidos. Y un doctor. Un profesional dedicado exclusivamente a derrotar a la ELA y cercano a la jubilación, expresó la necesidad de investigar, investigar, investigar para tener el conocimiento que nos permita estar en mejores condiciones para erradicar esta espantosa enfermedad.


Fue un encuentro emotivo, canalizado a través de la música, y que acabó con un Agradecido de Rosendo que retumbó como nunca. Un empujón más. Un paso adelante. Un grito de rabia. Un peso sobre los hombros con manta alrededor  para levantar las manos lo más alto posible.


Un aquí estamos. 

11 enero 2015

Grison y Tuli en la sala Galileo Galilei

9 de enero de 2015

Como vuelta a los escenarios tras un parón medio obligado por los proyectos individuales y por una lesión inesperada, llenar la sala Galileo Galilei es una buena muestra del auge que está empezando a tener esta pareja. Un par peculiar, original. Que unas veces la tienen grande y otras pequeña. Donde la vergüenza se esconde detrás del desparpajo. Risas y aplausos que podrían haber rellenado el vacío de las campanadas en Canal Sur, sin que nadie las hubiera echado de menos.

El espectáculo tuvo que empezar más tarde de lo esperado para dar tiempo a que los asistentes buscaran su sitio en las esquinas del garito, usando escaleras como sillas improvisadas y los abrigos como respaldo. En este sentido, la gestión de la sala fue, a mi entender, bastante mala. No entiendo cómo se prefiere tener escaleras y salidas de emergencia taponadas con sillas en lugar de abrir la segunda planta de la sala, donde sólo se distinguía una mesa ocupada y, que según el personal del local, estaba reservada exclusivamente a músicos e invitados. Entiendo que en general existan tratos especiales. Yo no los quiero. Pero cuando antepones este ¿clasismo? en concepto a la seguridad, se merece, al menos, una mención en un blog de chichinabo.

Y pasemos a lo importante. A describir casi una hora y media de diversión, buen rollo y una actuación en la que el humor y la música, todo teatralizado y simplificado a dos tipos y un aparatejo, hicieron las delicias del público. Público donde se observaron hormigas (más preocupadas de recoger frutos para el invierno) y estrellas guaperas del rock (hasta hace poco pensaba que eran conceptos incompatibles).

Beatbox mezclado con música en directo y actuaciones perfectamente conjuntadas. Compenetradas. Asimiladas. No sé, un montón de –adas. Grison con sonidos y ritmos que ya se están empezando a convertir en habituales, sobre todo desde que se comió mis canapés. Campeón de España de Beatbox y del mundo de Loopstation. Ahí queda eso. Tuli dando una lección de sintonía con el público y dar vida a esos sonidos. No sé si será campeón de algo, pero qué importa. Este actor, músico, maestro de ceremonias y otro sinfín de habilidades sigue siendo cojonudo. Básicamente, dos artistas con un sentido del ritmo, del humor y del espectáculo especial.


Números ya conocidos como el dela batería, donde sonidos, humor y gesticulación se mezclan al unísono casi a ritmo de metrónomo. Incluso a ciegas. Otros donde se muestra que ambos son igualmente importantes, y que tanto Grison como Tuli tienen una implicación y una destreza en lo suyo que se complementa y fabrica momentos geniales. Pájaros, elefantes, delfines, perros. Un zoo ambulante sacado de un sombrero. Al son de improvisaciones. Y una banda, los Rolling Charlestones, para darle un toque final tremendo, haciéndose el escenario pequeño y ellos cada vez más grandes.



Ya sólo faltaba el sketch final. El momento álgido. La cúspide. Aquel instante en el que los corazones se encogen y claman al cielo por la victoria, la explosión contenida de emociones y el momento perfecto para usarlo como excusa para el contacto físico. Pero no era tan fácil. Tuli, Tuli Vidal anteriormente, frente al redoble de Grison, tenía por delante el más difícil todavía.

Y lo consiguió. 

Lo consiguieron.